• Ellas a través del cinematógrafo

No soy una Bruja, pero tampoco una cabra.

Actualizado: 18 nov 2020



No soy una Bruja (2017), es la ópera prima de la cineasta zambiana Rungano Nyoni; la película nos cuenta la historia de Shula (Maggie Mulubwa), una niña huérfana de 8 años acusada de brujería y exiliada en un campamento de brujas en una comunidad africana. Sí, brujas, en África.


Desde la primera secuencia en la que vemos a unos turistas bajarse de una camioneta para observar con inquietud y miedo a un grupo de mujeres que recitan palabras extrañas y que están exhibidas como animales en el Africam Safari (parque de concentración de vida silvestre mostrado al público) mientras el guía explica a los turistas que las brujas pueden volar muy lejos para matar gente (todo un espectáculo), se nos va cerrando la garganta y se nos van abriendo las expectativas para ver por dónde nos lleva esta historia que entremezcla realidad, sátira, ironía, comedia y mucha poesía.


Estas mujeres están atadas por la espalda a unos largos listones blancos que simulan cadenas en su versión más poética y que les impiden volar, literal y figuradamente; el largo de este listón se convierte en la medida de su libertad y vida que ha sido controlada a totalidad por el gobierno zambiano. 


Después de un incidente, vemos a Shula quien, arrebatada de su infancia, silenciosa, valiente y con una expresión de profunda ingenuidad y melancolía, es sometida a un juicio cargado de superstición y pruebas absurdas en donde la condenan como bruja y la envían al campamento (o cárcel al aire libre), con las demás mujeres, en donde tendrá que tomar la gran decisión de ser bruja o transformarse en una cabra. 


Shula observa, aprende y repite lo que las demás “brujas” le van enseñando; cómo comportarse, cómo adaptarse, cómo ser parte de ese mundo al que al parecer todas están resignadas a pertenecer. Pero en momentos también la vemos apartarse para conectarse al otro mundo, a una realidad en donde hay niñes que van a la escuela, hay bullicio, juegos, alegría, y esto lo hace a través de una cubeta de plástico que coloca en su oreja como poniéndose una caracola para escuchar el mar. Más poesía. 


Vestidas de azul y con los rostros pintados de blanco, estas mujeres son explotadas para trabajar en el campo sin importar edad o condición, para ser parte de la atracción turística y siempre atadas por la espalda al listón blanco, además tienen la encomienda de adivinar quién roba o se porta mal para que las autoridades puedan reprenderle. El gobierno, representado por el funcionario local, el Señor Banda (Henry B.J. Phiri), disfraza la explotación y el abuso con preocupación y cuidado por la comunidad, aprovechando sus creencias y prejuicios para hacerse cada vez más rico. El Señor Banda está casado con Charity (Nancy Murilo), una ex bruja que tuvo la “suerte” de salir del campamento por su buen comportamiento, o sea por ser sumisa y obediente, quien busca más adelante la forma de “educar” a Shula. 


Aunque privada de su libertad, Shula encuentra en el campamento un sentido de pertenencia, una protección y un cuidado por parte de las brujas mayores, que poco a poco se van convirtiendo en su familia. 


Entre música de violines dramáticos, cantos corales intensos y una fotografía estremecedora, dirigida por el cinefotógrafo colombiano David Gallego, Nyoni nos enfrenta a un mundo que por desgracia existe fuera de la ficción, pues los campamentos de brujas han persistido por años en algunas zonas de África teniendo hasta 100 mujeres aisladas en un mismo campamento, luego de haber sufrido violencias y amenazas de muerte por parte de su propia familia o comunidad. También nos hace reflexionar sobre los grupos segregados y vulnerables, el abuso de poder, sobre el miedo a la otredad, a la diferencia, al poder de las mujeres. 


Ganadora del BAFTA como Mejor Debút de un Director, Guionista o Productor y Nominada para la Cámara de Oro en el Festival Internacional de Cannes, No soy una Bruja es una denuncia y un retrato de la realidad que se sufre, no sólo en África, también en muchas partes del mundo en donde la libertad de las mujeres está controlada por los mandatos patriarcales y misóginos, pero también es una poesía pura y un rebelde recordatorio de que podemos cortar ese listón cuando queramos sin miedo a nada, porque no somos brujas ni somos cabras, somos seres humanos que merecemos vivir en libertad. 


No soy una Bruja está disponible en su página oficial https://www.iamnotawitch.com y en la plataforma FilminLatino.


Por: María Cervantes





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